CAMBIOS GENÉTICOS EXPLICAN LA RESISTENCIA DE LOS MOSQUITOS A LOS INSECTICIDAS EN SUDAMÉRICA
29 Marzo, 2026
La malaria en América del Sur es un grave problema de salud pública. El mosquito Anopheles (Nyssorhynchus) darlingi es el vector de malaria más importante en la América Latina tropical, que causa más de 600 mil casos cada año.
Recientemente, se ha publicado una investigación dirigida por la Harvard T.H. Chan School of Public Health, que incide sobre las políticas de control sanitario de la malaria y de la erradicación de los mosquitos. El estudio fue publicado en la revista Science.
Los investigadores secuenciaron 1.094 genomas completos de hembras adultas de Anopheles darlingi recolectadas en 16 ubicaciones distribuidas entre Brasil, Colombia, Venezuela, Perú, Guayana Francesa y Guyana, permitiendo el conocimiento de una gran diversidad genética.
El muestreo abarcó ambientes tan variados como bosques, humedales, áreas agrícolas, mineras y urbanas, lo que permitió analizar cómo la estructura genética de las poblaciones varía según el lugar por la diversidad y la capacidad de adaptación de este vector.
El estudio detectó una importante diferenciación genética entre las poblaciones según su ubicación, identificando 13 grandes inversiones genéticas, quizás debido a la adaptación local y a la respuesta a factores ambientales y químicos.
El hallazgo principal es la evolución acelerada de los genes asociados con la resistencia a insecticidas, especialmente aquellos vinculados a las enzimas citocromo P450. Estas enzimas juegan un papel esencial en el metabolismo y la descomposición de los productos químicos, facilitando que los mosquitos sobrevivan donde antes habrían fallecido.
Esta situación hace peligrar las estrategias del control de la malaria, ya que la capacidad de los mosquitos para sobrevivir ante los métodos tradicionales podría favorecer la transmisión y facilitar la aparición de parásitos resistentes a fármacos. Por ello, las políticas sanitarias deberían tener en cuenta la presencia de mosquitos más resistentes y la posibilidad de que surjan cepas resistentes del parásito de la malaria, dificultando la erradicación y amenazan con expandirse a otras áreas del continente.
El estudio remarca la necesidad de renovar y diversificar las estrategias de control vectorial, situando a la vigilancia genética y el monitoreo entomológico como herramientas primordiales ante un vector capaz de adaptarse con rapidez.
Según las conclusiones de la investigación, el desarrollo de nuevas herramientas y la cooperación internacional serán esenciales ante la amenaza de la resistencia a insecticidas, aunque el control efectivo del vector y la vigilancia científica deben mantenerse como prioridades para reducir el impacto de la malaria.